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Una cita consume un bono, descuenta stock, genera comisión y cuadra la caja. Sin que tengas que acordarte de ninguno de los cuatro pasos.
Cuando cobras un bono de cinco sesiones, ese dinero todavía no es tuyo: son cinco servicios que debes. Bluwy lleva las dos cuentas por separado, y por eso el cierre de mes te dice la verdad.
Cada línea con su profesional, duración, precio y cabina. Seguidas, a la vez, o dentro del procesado.
Mientras un tinte reposa, la cabina sigue ocupada pero quien atiende queda libre. Ahí cabe otra clienta.
Quince contraindicaciones en dos niveles: aviso, que se salta dejando constancia de quién autoriza, y bloqueo, que solo levanta dirección con motivo escrito. Sin prueba de parche válida, el láser y los tintes no se reservan.
Quien atiende y quien vende son campos distintos. Un bono comisiona al venderse y al prestarse, y el sistema impide pagar dos veces lo mismo.
Entradas, salidas, pausas y correcciones. Obligatorio por ley y conservado cuatro años.
Disparos por sesión, aviso al 80 % del consumible y mantenimiento que bloquea la agenda.
Cuadre del día, gastos y cuenta de resultados.
Ordenar al equipo por facturación bruta premia a quien más horas hace, no a quien mejor rinde. Bluwy divide lo facturado entre las horas realmente fichadas, y ahí aparece quién sostiene el centro. A veces no es quien pensabas.